viernes, 23 de mayo de 2014

Vacío, desnudo…

           Solemos decir, he “desconectado”, pero los italianos tienen una frase que me gusta y lo describe a la perfección, " il dolce piacere di non far niente ", traducido “el dulce placer de no hacer nada”…

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            ¿ Cuándo ha sido la última vez que le has dado un premio a tu cuerpo y tu mente y has disfrutado del dolce piacere...? Creo que lo deberíamos de poner en práctica con cierta asiduidad, iría en nuestro beneficio. El estrés, las prisas, esa epidemia que nos está invadiendo hasta el tuétano, amenaza seriamente nuestra integridad física y mental tirándonos por la borda.

 

Mayo 2014.

        "Cuelgo mis pies por la borda sentado en el balcón de proa, y es precisamente ahí, donde mi velero se abre paso en la mar, a veces saltando desbocadamente las olas, otras penetrando en el azul sin obstáculos como lo hace un cuchillo en la mantequilla templada, donde encuentro la paz, el sosiego.

       Me vacío.

       Con los pies suspendidos me tumbo mirando al cielo, las nubes pasan lentamente coqueteando con el sol y así, dejando al velero navegar a su antojo, con las velas tan bien trimadas que puedo olvidarme hasta del timón, me vacío de pensamientos y me abstraigo del mundo.

       Me despojo de problemas y preocupaciones, de miedos, poco a poco voy quedándome desnudo, desnudo de lo humano y de lo divino. El sol me envía calor con sus rayos avisándome de que pronto llega el verano, con él volverán las noches de navegación bajo las estrellas. Ese calor hace que me desprenda de toda ropa, me quedo con las heridas y cicatrices a la vista que cada vez son más, son huellas que quedaron marcadas en el cuerpo hace tiempo en algunas montañas.

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           El viento me roza en lugares donde nunca lo hace, es como una pluma deslizándose suavemente por la espalda, incluso se escapa algún escalofrío producido, más, por un delicioso placer que por la temperatura.

          Un ligero y familiar movimiento acompasado me acompaña y recuerda donde estoy, la brisa la escucho a ratos, se deja oír muy bajito cuando pasa por la génova, como intentando no romper el momento. Los pies se remojan un poco con alguna pequeña ola y me doy cuenta que el agua aún está fría.

         La tarde avanza y el sol pierde su fuerza, poco a poco otros veleros que veo a lo lejos ponen proa hacia puerto, el faro del Cabo de Higer ya ha encendido su lámpara y dentro de un par de horas será la luz que guíe a los barcos que naveguen frente a él.

       Mientras la noche va ocupando su lugar, yo dejo pasar el tiempo observando el juego de luces que se produce en el mar, rojos, naranjas azules, negros…

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           El sol se enciende e inunda todo de un color naranja, durante el ocaso el viento ha caído y una calma total me acompaña en estos últimos minutos de luz, la sensación es difícil de describir, acaso me recuerda a un momento en alguna  cumbre durante un atardecer. Hace ya un buen rato que he vuelto a ponerme ropa, siento el cuerpo hirviendo.

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         Escucho el chapoteo del mar golpeando desacompasadamente el casco del barco, las gaviotas me observan en su volar hacia tierra. La brisa llega de nuevo con la llegada de la oscuridad y las velas de Zaldi vuelven a trabajar con el viento. Navego ya a la luz del faro, son dos destellos blancos en un ciclo de 10 segundos, no tardo en dejarlo por estribor y entro en la bahía. Así, con las primeras estrellas en el cielo y una suave brisa del NW avanzo soñando hacia puerto, es fácil hacerlo despierto ¿ o acaso no lo estoy ?..."

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           Texto extraído del libro de bitácora del velero Siracusa.

           Escrito en Mayo del 2014 durante una tarde al sol.

jueves, 1 de mayo de 2014

Un mundo aparte. Diario de a bordo.

         Hace unas semanas cumplí años, un compás de demoras o la guía Imray del Cantábrico es lo que esperaba que me iba a caer de regalo. Pero mi familia ha querido este año ser generosa, muy generosa, 5 días de travesía a bordo del Olatua, un precioso Bavaria 36, ha sido el regalo que le ha caído a este ya cincuentón.

        Hasta la fecha, mi corto historial de navegaciones se limitaba a pequeñas travesías costeando distancias cortas, alguna regata de unas pocas decenas de millas y poco más. Pero ha llegado la hora de dar un paso más, navegar durante 5 jornadas en un hermoso velero entre Barcelona y Menorca, para mi un gran paso y todo un sueño cumplido, gracias a mis tres mujeres.

       Tuve la suerte de conocer a Xabier Urresti, capitán del Olatua, hace algún tiempo. Por entonces, Xabier acababa de llegar de una expedición a la Antártida con el velero Pakea, pude escuchar su relato sobre el viaje y fue su manera de narrarlo lo que me atrajo hacia el Olatua. Unos meses después he embarcado en el Olatua rumbo a Menorca, mi primera travesía de varios días, mi primera isla. Por unos días he pasado a formar parte de ese tercer grupo de personas que nombró Anacarsis. Fue hace ya 2.500 años cuando el filósofo griego escribió, “hay tres tipos de personas, los vivos, los muertos y los que se embarcan”. 

         Son las sensaciones lo que al final queda, el momento de soltar amarras, mirar atrás y ya no ver tierra, compartir la primera comida a bordo, el sonido del carrete de la caña con mi primer atún enganchado al sedal, la llegada de la noche, identificar las constelaciones que se extendían sobre nosotros como nunca lo había visto, una taza de café durante la guardia, ver nacer un nuevo día con mar a los 360º, escuchar los sonidos de la mar en la oscuridad, el ansiado grito desde cubierta de ¡¡ tieeerraaa !!… Así, la lista de emociones y sensaciones se extendería algunos párrafos más, pero si me tengo que quedar con una esta sería la de la sensación de libertad, algo que por desgracia cada día sentimos menos. En las dos guardias que hice, una durante la noche de ida y otra a la vuelta, no podía evitar que la imaginación volará lejos, llevé para leer un buen libro, la ocasión lo merecía, “El espejo del mar” de Joseph Conrad, perfecto para soñar despierto.

Miércoles 16, puerto de Premia de Mar.

         Son las 22 h cuando llegamos al puerto de Premia de Mar donde el Olatua nos espera, Xabier, capitán del velero, nos recibe. Tenemos la cena casi lista y estamos ya los 6 tripulantes alrededor de la mesa, nos sentamos y poco a poco Xabier nos va poniendo al día sobre la predicción meteorológica, los pormenores del viaje etc. Así, entre charla y charla, el ambiente se va soltando y pronto somos 7 amigos. Pero el orden a bordo de un velero en un viaje de este tipo es importante, son ya más de las 24 h cuando nos retiramos todos a dormir, nos hemos repartido por los diferentes camarotes y yo dormiré con Igor. El viaje en coche hasta Barcelona pasa factura y enseguida todos dormimos plácidamente. En el puerto el silencio es total, no hay viento y las estrellas brillan sobre el Olatua.

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Jueves 17, zarpamos.

         Me despierto pronto, estoy acostumbrado a ello. Salgo del camarote y veo que soy el primero en hacerlo, son las 6´30 h. Doy un paseo por los pantalanes y pronto comprendo que estoy en el Mediterráneo. Las esloras de muchos veleros así me lo indican, las embarcaciones que llegan o incluso sobrepasan los 40 pies abundan, los hay de diferentes tipos, clásicos, veleros de última generación, con aparejo queche, motoveleros.

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         Tras mi paseo matutino regreso al Olatua, Xabier ya está en pie, nos sentamos en cubierta y dejamos que los primeros rayos de sol nos vayan calentando. Hablamos sobre el viaje, los posibles vientos que encontraremos, posibles rumbos a seguir etc. El resto de la tripulación se va levantando y desayunamos todos juntos bajo cubierta. Tras un rato de charla con el capi nos disponemos a zarpar, el Olatua sale por la bocana del puerto apuntando con su proa a Masnou, un puerto situado a unos 30 minutos, allí llenaremos el tanque de gasoil y pondremos rumbo a Menorca. Son las 11´30 h cuando zarpamos de Masnou.

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       Las primeras 10 millas las recorremos a motor con la mayor izada, apenas hay viento y navegamos a 5 nudos. Enseguida recibimos la primera señal que nos indica que tipo de viaje es este, cada dos horas cogeremos nuestra posición y la marcaremos sobre la carta náutica, Arkaitz y yo nos encargaremos de ello, somos los únicos de la tripu con algo de experiencia. Me encanta la cartografía, la primera toma de posición la hago yo y la traslado a la carta, compás, latitud, longitud y marco en la carta nuestra posición, así, cada dos horas vamos marcando sobre la carta náutica nuestra derrota, una sucesión de puntos que quedan marcados como la estela que el Olatua deja en la mar.

        El viento va llegando, aparece del SW, paramos motor, izamos velas y enseguida vemos que el Olatua alcanza la velocidad que hacíamos a motor, los 5 nudos los alcanza con facilidad e incluso los supera, el viento da la impresión que va a ir a más . Con un viento aparente de unos 12-14 nudos entrando por la amura de estribor y el Olatua perfectamente estabilizado, hacemos la primera comida, aprovechando el buen tiempo comemos en cubierta, yo me quedo al timón mientras mis compañeros comen, luego lo haré yo. Tras la comida llegan las siestas, el sol se deja notar y algunos se tumban en el camarote, esta noche habrá que hacer guardias al timón y conviene dormir un poco ahora.

       El mar está perfecto, apenas llegan a un metro las olas que nos acompañan y el viento, como estaba previsto, ha ido a más, tenemos ya un aparente de unos 18 nudos y navegamos a 7 nudos. Hace ya un buen rato que no vemos tierra, que magnífica sensación…,el cielo está azul, sin una nube. Charlamos animadamente, Xabier se esmera en enseñarnos sobre diferentes temas, saca su sextante y hacemos prácticas de tomas de latitud. De pronto, algo sale a la superficie, ¡¡ son delfines !! Todos en cubierta, ponemos piloto automático y las cámaras de fotos comienzan a trabajar, enseguida se coloca un grupo de cetáceos en proa y comienzan a jugar con el Olatua, que maravilla ver a estos animales en su medio. Durante media hora nos acompañan, vienen, se van, saltan, son preciosos.

       La tarde va pasando y el viento ha caído bastante, el sol se está aproximando al horizonte y la temperatura ya no es tan cálida. Xabier decide poner motor, a vela apenas llegamos ya a 3 nudos de velocidad. Nos disponemos a recoger la génova con el enrollador y de repente, ¡ zas !, el cabo del que se tira para enrollar la vela queda suelto, ¡ se ha soltado el chicote del tambor donde se enrolla !, la vela queda suelta por unos momentos, Arkaitz se dirige rápido a proa e intenta hacer girar el enrollador con las manos. Aprovechando que apenas hay viento y con paciencia vamos recogiendo poco a poco la génova, no queda perfecta pero valdrá. Mientras estamos enrollando la vela un sonido inesperado interrumpe la maniobra, ¡ trrrrrrrr !, es el carrete de la caña de pescar, el sedal se está largando, ¡ han picado leches ! Nos olvidamos de momento del problema del enrollador y todos nos situamos en popa junto a la caña. Xabier la sujeta con fuerza y comienza a recuperar sedal, lo que sea que haya picado tira fuerte, Xabier me deja un rato la caña y voy recuperando poco a poco sedal. Tras unos 15 minutos de pelea tenemos a nuestra presa a unos 5 metros debajo del barco, sea lo que sea brilla que da gusto, recogemos los últimos metros de sedal y aparece un precioso atún de unos 7-8 kg. Rápidamente lo subimos a cubierta y celebramos todos la captura, ya tenemos pescado fresco para estos días. No tardo en quitarle las vísceras y la cabeza, hace tiempo que no lo hago con un túnido pero el eviscerado me sale perfecto. Lo limpiamos bien de sangre con agua de mar y lo dejamos esta noche metido con la cola hacia arriba en un cubo para que termine de desangrarse, con el fresco de la noche no se nos va a estropear.

        De esa forma, con los ánimos subidos, llega la primera noche. He traído hecho de casa en un tuper bacalao con pimientos y tomate, lo calentamos y entre todos damos buena cuenta de la cazuela. Tras la cena y el café hacemos el reparto de guardias, yo haré con Josu el tercer turno, de 3 a 5 h. El viento a vuelto a salir, paramos motor y la mayor vuelve a impulsarnos, la génova no la sacamos, mañana intentaremos reparar el enrollador, el mar se ha levantado también algo y hay una incómoda ola que nos llega casi del través balanceando algo al Olatua.

         Bajamos a los camarotes para dormir, al principio no consigo coger el sueño, los nervios, el ligero balanceo, pero se que tengo que dormir, finalmente cojo postura y me dejo ir a los brazos de Morfeo…

Travesía a Menorca

Premia - Menorca

Viernes 18, navegando por el Mediterráneo

            Las 3 de la mañana llegan irremisiblemente, la luz de la luna entra por el portillo del camarote e ilumina el interior del mismo, no me cuesta levantar, al contrario, las ganas de ponerme al timón bajo la luz de la luna me espabilan. Aún así, los ojos tienen esa pesadez que a estas horas suelen sufrir. Me abrigo bien antes de salir, salgo al comedor y pongo la cafetera al fuego, algo caliente seguro que nos entra bien. Josu, mi compañero de guardia, se levanta también, sale también forrado de ropa de su camarote. Desde la mesa del comedor puedo ver a Arkaitz al timón, su compañero Igor dormita recostado sobre uno de los bancos de cubierta.

           Tras tomarnos el café salimos a cubierta y Arkaitz me pone al corriente de la situación.

        -“Viento estable de unos 12-14 nudos del NW y olas de la misma dirección, han aparecido luces de un barco por la aleta de babor pero aún está lejos, otra embarcación la tenemos justo por popa a unas 3 millas, navegamos sin novedad”. 

      Me pongo sin más dilación al timón y nuestros compañeros se retiran a dormir tras desearnos buena guardia, Josu, mi compañero, se tumba en el banco de sotavento, de momento no hace falta que esté conmigo despierto. Una luna casi llena ilumina el Mediterráneo, cuantas veces he soñado con un momento como este… El viento nos entra por la aleta de estribor  y la botavara va algo largada por el costado de babor, Olatua navega sin escora, tan solo alguna que otra ola hace que se note un poco de balanceo, es un momento que no quiero que acabe. El fresco de la madrugada no lo siento, la ropa de abrigo  cumple a la perfección con su función. Noto que mi compañero ya vuelto a coger el sueño, le dejo dormir, lo último que quiero hacer yo en este momento es eso, dormir.

         De vez en cuando controlo a los dos barcos que llevamos por detrás, uno se mantiene por la popa a cierta distancia  y el otro, el que se dejaba ver por la aleta de babor, ha comenzado ha cruzarse hacia el sur por la popa, probablemente se dirija a Mallorca. Así pasan los minutos, soñando despierto, me acuerdo de los míos, de mis hijas, de Marta… Curiosamente me viene a la cabeza Zaldi, mi pequeño velero, me acuerdo de algunas navegaciones con algún amigo a bordo, me da pena que no se haya animado ninguno de ellos a venir aquí…

       A las 4´50 h veo que aparece en cubierta Xabier, el capitán, -“egunon patrón”- me saluda, Josu se despereza y se despierta. Aparecen también Joseba y Naroa sus compañeros de guardia.

- ¿ Qué tal la guardia ? -

- Todo bien, sin novedad. -

         Tras informarle del viento, del rumbo que llevamos y de la situación de otros barcos que hay a la vista, nos retiramos a dormir. No lo haré por mucho tiempo, quiero ver el amanecer en la mar, es algo que no vemos todos los días…

        Curiosamente me despierto sin la ayuda del insistente sonido de la alarma del móvil, por el portillo veo que el cielo ya no es completamente negro, llega el momento… Me visto rápido y salgo a cubierta, Joseba está al timón y Xabier observa el horizonte mientras espera la salida del sol. Me dice que Naroa se ha retirado a dormir al camarote, el sueño podía más que ella y entre Joseba y Xabier podían arreglarse bien. Aparece también Josu, mi compañero de guardia, e Igor ellos tampoco quieren perderse el momento.

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       Xabier nos avisa, - ¡ ya sale ! – los cinco tenemos la mirada fija en el mismo punto, una fuerte luz naranja delata la posición por donde se asoma el sol, contemplo absorto el espectáculo, en silencio, disfrutando el momento, miro a mi alrededor y todo es mar, solo mar, un mundo aparte, solo el viento se hace sentir. Ya está media bola naranja fuera del agua, estamos mudos ante tanta belleza.

       No tardamos en distinguir tierra, es el cabo Nati situado al NW de la isla de Menorca. El viento y las olas nos llegan por la aleta de estribor, el Olatua se aproxima a la isla surfeando.

       Estamos todos ya en pie con el estomago caliente, el sol poco a poco va teniendo algo de fuerza y sus rayos se hacen notar. Navegamos cerca del cabo Nati, nos preparamos para trasluchar, entonces pondremos proa hacia el Este. Tras la maniobra de las velas disfrutamos de las preciosas vistas que tenemos por estribor, unas altas paredes defienden la isla, Xabier saca el derrotero Imray de Baleares y nos dedicamos a buscar una cala que nos de resguardo del viento del Oeste, nos apetece descansar a todos tras unas noche con pocas horas de sueño. Probamos suerte primero en cala Morell, nos acercamos hasta su entrada pero no acabamos de verlo claro, seguimos navegando hacia el Este buscando un lugar para fondear y descansar.

Aproximación a cala Algaiarens

Avanzamos un par de millas más y por la amura de estribor se adivina una buena cala, en el derrotero viene recomendada como buen lugar para fondear, es la cala Algaiarens. Es una amplia bahía que en su interior se divide en tres coquetas calas, en la situada más al Este se ve una pequeña playa de arena , parece un buen lugar, solo hay un barco fondeado en ella. Pero junto a ella y separada por un gran saliente rocoso que penetra en el mar, aparece una minúscula ensenada, un islote defiende la entrada, en el derrotero advierten de la presencia de unos disimulados bajos que apenas llegan a la superficie. Prestamos atención a los bajos, los tenemos localizados, hay que entrar a la cala entre los escollos y el islote por un paso de menos de 100 m de anchura. El viento dentro de Algaiarens es muy suave y el oleaje casi inexistente, por ello nos decidimos a entrar, nos situamos dos en proa vigilando los fondos, el Olatua avanza lentamente hacia el interior del abrigo. Según nos acercamos al punto de fondeo nos damos cuenta de lo fantástico que es el lugar, estamos solos, increíble.  Preparamos la maniobra del ancla y a una voz de Xabier accionamos el molinete que hace descender el ancla hasta los 6 metros de fondo donde le espera la arena, son las 12 h. Largamos casi 20 metros de cadena y esperamos a que el barco coja posición. La maniobra ha salido perfecta, el Olatua ya descansa en Menorca y nosotros también.

Al rato llega otro velero, es el Mayflower, su capitán es amigo de Xabier y llega con cinco personas. Ellos partieron de Masnou un poco después del Olatua, tendremos vecinos esta noche.

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         Los más valientes dicen que se van a bañar…el agua está a 15-16ºC, finalmente yo también me animo y me zambullo en las transparentes aguas. Tras el baño llega la hora de la verdad, sacaremos los 4 lomos al atún y nos lo haremos a la plancha, parte del pescado se lo damos al Mayflower, todo es demasiado para nosotros.

       El resto del día lo pasamos descansando, charlando y reparando el cabo del enrollador de la génova.  Más tarde bajamos a tierra en la pequeña neumática que llevamos a bordo, la hemos inflado enseguida y le hemos colocado el pequeño fueraborda que llevamos en la popa. Damos un paseo por los alrededores de la cala, cerca de la orilla hay unas pequeñas cabañas que parecen ser refugios temporales para gente que viene los fines de semana. Tras estirar las piernas volvemos al Olatua, está anocheciendo y hay que hacer cena. El viento ha desaparecido por completo y la cala parece un lago, en este momento no creo que exista un lugar mejor para dormir que el Olatua…

         Tras la cena salimos a cubierta, el cielo está totalmente despejado y las estrellas se extienden por todo el cielo hasta zambullirse en el mar, hay quien dice que las estrellas de mar son estrellas caídas del cielo en noches como estas…

          La charleta no se prolonga demasiado, todos estamos deseando tumbarnos para dormir, la noche anterior ha sido movidita y el cuerpo lo siente. El Olatua no tarda en quedarse en silencio, tumbado en el camarote veo algunas estrellas a través del portillo de estribor, me siento tremendamente afortunado por estar aquí…

Sábado 19, navegamos hasta Ciutadella

        Mi costumbre de madrugar no me abandona, son las 7 h cuando salgo del camarote, el sol aún no da al Olatua pero por el Este de la isla ya ha salido. Una pequeña colina nos da sombra y mantiene la cubierta del barco aún con rocío. Me entretengo sacando una panorámica de 360º desde el barco. Cerca de las 8 h aparece Xabier, nos hacemos un poco de desayuno y planeamos desembarcar, daremos un paseo matutino por las colinas de alrededor de la cala. Dicho y hecho, nos aproximamos a la orilla en la pequeña neumática, al llegar nos encontramos con tres paisanos de la isla que han venido para hacer pesca submarina. Nos saludos y charlamos un rato con ellos, luego continuamos con nuestro paseo y subimos a las dos colinas que encierran a la cala, desde arriba las vistas de la pequeña bahía con el Olatua fondeado son hipnotizadoras.

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        No tardamos en volver a bordo, la tripu ya se ha levantado y están liados con el desayuno. Tras levantarnos de la mesa arranchamos  el barco, izamos el ancla y nos vamos a navegar, queremos recorrer la esquina NW de la isla, luego, buscaremos un lugar para pasar la siguiente noche. El sol brilla ya con fuerza y la temperatura empieza a ser más que agradable, estamos a unos 22º C, y el viento del NE hace acto de presencia, Xabier nos da instrucciones para sacar el genova. El viento tiene una fuerza apreciable y de momento navegamos solo con esa vela.

      No tardamos en doblar el cabo Nati, allí ponemos rumbo sur y nos vamos a visitar las calas cercanas a Ciutadella, el viento ha seguido creciendo y la poca altura de la isla apenas le resta fuerza al cruzar sobre ella. Estamos a sotavento pero aún así el viento se deja notar con fuerza, tras visitar diferentes calas decidimos entrar a puerto, nos vamos a Ciutadella, allí pasaremos hoy la tercera noche.

De cala Algaiarens a Ciutadella

De cala Algaiarens a Ciutadella

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       Cocinamos un arroz caldoso con verduras, atún y unos mejillones, nos sentamos todos a la mesa con ganas, son las  15 h y el estómago nos grita. Tras la comida y el cafecito hacemos el plan de la tarde, estamos amarrados en un precioso puerto y hay que aprovecharlo.

    Toca ducha, va siendo hora… las instalaciones del club náutico de Ciutadella son ejemplares, amplias y limpias duchas, agua bien caliente, el descanso del guerrero…

       Tras ponernos guapos decidimos irnos a conocer Ciutadella y tomarnos unas cervezas, los ánimos están por todo lo alto. Callejeamos por sus estrechas calles y en una de ellas veo un comercio donde venden sobrasadas y otros productos de la isla, aprovecho y hago compra para casa, seguro que les gusta. Así, sin prisa, sin relojes, sin móviles, sin nada en que pensar más que en pasarlo bien, llega la noche, el ambiente en el puerto está tranquilo, seguro que en pleno verano esto es otra cosa.

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        Cenamos en el Olatua, nos sentimos todos como flotando ( nunca mejor dicho ), éramos 7 desconocidos antes de embarcar en el Olatua, ahora parece que llevásemos miles de millas navegando juntos.

       Se nota que es sábado en el pueblo, el ambiente se va animando, de muchos de los veleros que estamos amarrados salen sonidos que delatan jolgorio a bordo, junto al nuestro hay uno con bandera de Nueva Caledonia, sí sí, de allí, han venido de Oceanía, son cuatro jóvenes a los que se les ve muchas ganas de pasarlo bien hoy…

       De algún armario secreto del barco alguien saca una botella de patxaran, Igor, ni corto ni perezoso, salta a  tierra y nos dice, – ¡ me voy a por hielo… ! – Todos nos hacemos la misma pregunta mirándonos a la cara, - ¿ a por hielo, a donde ? – No tarda cinco minutos en volver Igor con una bolsa llena de cubitos, – he asaltado la cocina de un bar – nos dice sonriendo… No tenemos ron, la bebida de los piratas, pero el  aroma del patxaran impregna la cubierta del Olatua. Las estrellas nos vigilan desde lo alto, nuestros vecinos del océano Pacífico han desembarcado y se han ido al pueblo, nosotros hemos decidido continuar en el Olatua, que mejor que en casa…

Domingo 20, nos vamos de la isla

         La luz que entra por el portillo me despierta, tengo la boca como un estropajo, ¡ ah sí ! el patxaran…  Son casi las 8 h, me visto y salgo a cubierta, oigo algunas risas frente al barco… Tres borrachines que deambulan por el muelle están intentando cazar una paloma…cosas del alcohol, llevan una tranca encima del copón, ¡ madre mía que tajada !

       Me miran y me saludan, - ¡ hola amigo ! – están de foto sosteniéndose el uno al otro de pie… Comienzo a andar por el muelle sin rumbo fijo, me apetece pasear aprovechando el fresco de la mañana. Voy sin rumbo, como un barco a la deriva, me dejo llevar por los sonidos y los olores, uno que me llega me es familiar, una taberna de pescadores está abierta, el aroma a café recién hecho cautiva mi pituitaria. Entro y pido un cafecito, – doble por favor, lo voy a necesitar – la jarana de anoche pasa factura y mis 50 años también, que tiempos aquellos en los que hacías una juerga y al día siguiente te ibas al monte…,veo que en la barra tienen ensaimadas y no puedo evitarlo, me zampo una. Con el cuerpo rehecho continúo con mi paseo matutino. Paso junto al ayuntamiento situado en una gran plaza, la tranquilidad lo envuelve todo, solo un pequeño vehículo regando los jardines me hace compañía. Me encamino por una larga calle que apunta al mar y la recorro hasta su extremo, llego a la entrada del canal que da acceso al puerto, el viento está fuerte aquí fuera, dentro de unas horas nosotros estaremos navegando por ese mar que veo frente a mí. Vuelvo al interior del pueblo, recorro solitarias calles y nuevamente un olor me atrae…un obrador donde venden ensaimadas aún calientes me atrae como un imán a un alfiler. No me lo pienso dos veces, les voy a llevar desayuno al barco, compro unas cuantas ensaimadas, con crema, con cabello de ángel, las hay de todo tipo. Yo no puedo remediarlo y me como otra ¡ madre mía como entra calentita…!

        De vuelta al barco veo que la tripu se está levantando, son cerca de la 10 de la mañana, hago café y por tercera vez desayuno ahora con ellos. Alrededor de la mesa Xabier nos comenta lo que nos espera hoy por delante, dentro de un rato zarpamos de vuelta a casa, tristeza en las caras, por un momento se me pasa por la cabeza "El motín de la Bounty" ja ja ja.

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       Las ensaimadas han caído bien en los estómagos, mientras unos arranchan el barco otros nos dedicamos a preparar un potaje a base de garbanzos con espinacas y huevo duro acompañado todo ello de un rico refrito con pimentón, recetas de mi amatxo, la mejor cocinera que conozco. Así luego, cuando nos pille el viento duro que esperamos hoy navegando, no tendremos que cocinar, bastará con calentar la cazuela.

       Nuestro vecinos de Nueva Caledonia se levantan cuando estamos soltando amarra, – ¡ que, buena juerga anoche eh ! – les dice nuestro capi bromeando al ver las caras que tienen… El Olatua navega por el canal que nos lleva al Oeste de la isla, hemos superados ya las marcas laterales que delimitan la entrada y el viento sopla con fuerza, Xabier pone proa hacia afuera, queremos separarnos de la isla antes de fijar rumbo norte a la península. Cuando llevamos algo menos de dos millas navegando, decidimos izar la mayor y sacar la génova. Xabier me cede el puesto en el timón, es sin duda para mí uno de los mejores momentos de la travesía, recibimos viento limpio y estable del Oeste, sopla entre 20 y 25 nudos y el Olatua comienza a navegar, es como un sueño, el barco escora pero la sensación de seguridad es total, el barco va firme y yo solo deseo una cosa, que me aten al timón y el viento no cese…me siento como suelo sentirme con Zaldi los días de viento en Txingudi, en la gloria.

Salida de Ciutadella

Salida de Ciutadella

          En el indicador de velocidad veo que el Olatua llega a los 9 nudos y de 7 no baja, ¡ que envidia me da el Olatua, a este ritmo llegamos a cenar…!  Navegamos con rumbo 340º, más de cien millas nos separan de Premia de Mar. Comemos en cubierta aprovechando el buen tiempo, hemos cogido un rizo a la mayor para evitar fuertes escoradas y comer más cómodos.

        El  día está radiante de momento, pero para la noche avisan de cambios, el viento va a ir situándose poco a poco más del Norte y luego rolará al Este, por la noche parece que la fuerza cae bastante y llegarán nubes. Para mañana por la mañana el viento vuelve a salir con cierta fuerza del Este. Lo que parece que se va a mantener en buenas condiciones es la mar, las olas llegaran tan solo a un metro de altura.

         Por la tarde recibimos de nuevo la visita de nuestros amigos los delfines, salen de nuevo a nuestro encuentro y nos acompañan durante más de una hora. Aprovechamos para grabarles todo lo que podemos, habrá imágenes preciosas en vídeo.

       El ocaso llega, por la amura de babor vemos unos feos nubarrones, se acercan a nosotros pero afortunadamente no descargan, así ocurre varias veces, de momento todo tranquilo.

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       Para cenar Xabier hoy tiene una sorpresa, nos hacemos unas pizzas en el horno de la cocina del Olatua. Con el café decidimos las guardias de la noche y repetimos los turnos de la primera noche, haré la tercera guardia con Josu. El viento ha caído mucho y decidimos poner motor con la mayor izada, tras un rato en cubierta me retiro a dormir, las 3  de la madrugada llegarán pronto.

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Regreso a Premia de Mar

Regreso

        Esta vez es el despertador el que me hace levantar, me visto y salgo al comedor. Pongo una cafetera al fuego, Igor y Arkaitz que terminan ahora su guardia seguro que la agradecen, Josu y yo también, desde luego. Tras recibir de Arkaitz la información de viento, mar, rumbo y barcos a la vista, nos quedamos mi compañero y yo solos en cubierta. Por el costado de babor hay un ferry con muchas luces que de momento se mantiene a distancia y rumbo, la noche está tranquila, sin apenas viento y el Olatua navega a 5 nudos. Josu se ha dormido en el banco de cubierta, no hace mucho frío y yo voy encantado al timón, esta noche no se ven estrellas. Con el compás de demoras voy controlando a otro ferry que ha aparecido por la amura de babor, este parece que va a cruzarse con nosotros, aún está lejos pero su rumbo parece claro, va hacia el Norte.

        Las 5 h llegan sin darnos cuenta, Xabier aparece en cubierta y le paso toda la información, comprueba la posición del ferry que ahora ya lo vemos relativamente más cerca, está claro, nos va a cruzar por proa a un par de millas de distancia. A pesar de ser una separación que parece segura, no deja de inquietar la figura de un monstruo tan grande a esa distancia, el radar del Olatua funciona de maravilla, es una garantía de seguridad.

       Vuelvo al camarote, me tumbo pero noto que estoy desvelado, serán los nervios de la llegada. Enciendo la frontal y leo un poco de "El espejo del mar" de Joseph Conrad, pero finalmente mis ganas pueden más y me levanto de nuevo.

       Son las 6 de la mañana y ya hay algo de luz, hago café para Xabier y Joseba que están en cubierta y salgo a ella con las tazas calientes. Veo que Joseba está controlando con el compás de demoras a un gran portacontenedores, nos cruza por nuestra proa a una distancia en la que se puede leer en su costado de babor “CHINA SHIPPING LINE”.

- Hemos tenido que aminorar la marcha, íbamos a rumbo de colisión… – me comenta Xabier, con lo grande que es la mar y dos barcos coinciden en un punto con rumbos diferentes…

      La luz se abre camino y llega algo de lluvia, son las 8 de la mañana cuando vemos entre la bruma por la amura de babor algunas edificaciones de Barcelona, estamos llegando. Primero iremos al puerto de Masnou a recargar combustible y seguido nos vamos a Premia de Mar. Vuelvo a colocarme al timón, el viento ha crecido algo, como estaba previsto, y el Olatua vuelve a navegar a unos 7 nudos, parece que tiene prisa por llegar… En cubierta las caras son de resignación, de cierta tristeza, el momento de abandonar el Olatua se acerca, estamos entrando en el puerto del Premia de Mar donde el Olatua volverá a descansar en su amarre.

       Una extraña sensación me envuelve, nos hemos duchado en el club náutico del puerto, hemos arranchado el barco y tenemos ya las bolsas listas en cubierta para desembarcar, algo nuestro se queda aquí, en el Olatua, en el Mediterráneo. Ahora más que nunca se que volveré a navegar en este mar y se que será en este barco, en el Olatua. Poco antes de despedirnos se desvela el secreto mejor guardado de la travesía, Naroa, la almiranta del grupo, la hemos visto cosiendo durante muchos ratos de estos 5 días, le ha hecho a Xabier unas pantuflas de lana para el invierno, Xabier se emociona, no es para menos, ¡ bien por Naroa !

       Nos despedimos de Xabier, dentro de unas semanas vamos reunirnos todos de la forma que mejor sabemos hacerlo, alrededor de una mesa, allí volveremos a recordar el viaje, hablaremos del cabo Susi…digo Nati, de los cimarrones que viven en el Mare Nostrum, de las calas solitarias del Norte de Menorca, de los navegantes que vienen al Mediterráneo desde el otro lado del mundo, de las ensaimadas, de las guardias, de los delfines, de los amaneceres en cubierta.

       Hasta ese día, yo seguiré leyendo “El espejo del mar”, seguiré soñando despierto mirando al horizonte desde la cubierta de mi velero buscando la vela del Olatua.

 

       Hoy, una vez ya en casa, se que algún día repetiré la experiencia, que haré todo lo posible para volver a embarcar en el Olatua y sentir esa libertad que proporciona la mar y el viento, pero cuando esto suceda de nuevo procuraré que mis tres mujeres estén a bordo conmigo. Pienso que es importante que conozcan la sensación de libertad navegando allí, lejos de tierra pero cerca de las estrellas…

        Tal vez consiga de esa manera que comprendan lo que siento cuando navego, cuando miro hacia el horizonte que parece vacío pero yo lo veo lleno, quizás así sepan por que a su aita y compañero le gusta tanto navegar, dejarse llevar por el viento en este mundo aparte.